Crisis Mundial del Agua

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La crisis mundial del agua ha sido ampliamente constatada y admitida por todos los sectores y naciones del mundo. Los datos prevenientes de las agencias de Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales son contundentes y bien conocidos:

- 1,2 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable, aproximadamente un sexta parte de la población mundial.

- 2,4 mil millones de personas en el mundo viven sin servicios de saneamiento adecuados, aproximadamente dos quintas partes de la población mundial.

- 777 millones de personas en países en vías de desarrollo no tienen acceso a una alimentación suficiente.

- Para el año 2025 las demandas de agua en el mundo podrían crecer más de un 50% de las ofertas consolidadas.

Esto provoca graves consecuencias:

- Se estima que la mitad de las camas de hospitales del mundo están ocupadas por pacientes que sufren enfermedades relacionadas con el agua.

- 5 millones de personas, principalmente mujeres y niños, mueren anualmente a causa de enfermedades vinculadas a la calidad del agua.

- Alrededor de 5.760 niños mueren cada día (4 niños por minuto, 2,1 millones al año) por enfermedades asociadas a la falta de agua potable, de servicios de saneamiento adecuados y a una precaria higiene; el equivalente al número de muertos que se producirían si 30 Boeing 747 se estrellasen diariamente. Y cerca de 1 millón de adultos mueren al año, principalmente mujeres.

- Más de 3 millones de personas mueren cada año porque no tienen acceso al agua potable.

- Cada día mueren 6.000 personas a causa de diarrea. La mayoría son niños menores de cinco años. Una mejora en la calidad del agua reduce los casos de diarrea entre un 15 o un 20%, una mejor higiene, al lavarse las manos y manipular alimentos, disminuye los casos en un 35% y la utilización de instalaciones sanitarias los reduce en un 40%.

- 200 millones de personas en el mundo están infectadas por el bilharzia, de las cuales 20 millones padecen graves consecuencias. Los estudios científicos han demostrado que es posible reducir el número de casos en un 77% gracias a las intervenciones eficaces en el sector del agua y del saneamiento.

No obstante hay agua: la renovación de las aguas por las lluvias y deshielos descargados en los cauces es de más de 40.000 Km3 al año, en un consumo mundial estimado de 4.000 a 6.000 Km3/año (la media en los años ochenta fue de 2.800 Km3/año). Pero los conflictos derivan de la desigual distribución del agua: el 60% aparece sólo en 9 países mientras que 85 naciones padecen escasez; 1.000 millones de personas consumen el 86% del líquido disponible; 2.400 millones no pueden consumir lo suficiente y más de 2.500 millones consumen aguas sin tratar lo que provoca constantes enfermedades y hasta la muerte.

La existencia de 263 cuencas hidrográficas transfronterizas en el mundo, es decir, cuencas fluviales que atraviesan  dos o más países y que suponen la mitad de la superficie terrestre del Planeta, lo que suma un total de 145 países afectados, que alberga el 40% de la población mundial y el 60% del agua dulce del mundo, provoca la facilidad de que se generen conflictos entre distintos países y sociedades, algunos derivando en conflictos bélicos.

Existen actualmente claros ejemplos como los de:

- La Cuenca del Ganges, compartida por China, Nepal, y Bangladesh que, a pesar de contar con abundantes recursos hídricos, así como de un gran potencial hidroeléctrico, debido a la distribución temporal y espacial de los recursos hídricos, durante la época del monzón hay abundante agua en la cuenca, pero en los meses que no hay monzón, los países no disponen de suficiente agua.

- Las cuencas del Tigris y Eúfrates que, a pesar de que no muestran, a priori, señales de crisis hídrica, no existiría tal conflicto si y sólo si los tres Estados (Turquía, Siria e Irak) fueran capaces de sentarse, con buena voluntad de establecer acuerdos sobre una justa distribución del agua.

- La Cuenca del Nilo que se caracteriza por una desigual distribución de los recursos hídricos. La escasez de agua está aumentando al mismo tiempo que sigue aumentando la población, así como la urbanización y la industrialización, convirtiéndose en una región de conflictos potenciales por los recursos hídricos del Nilo.

- No obstante, es de gran interés el gran número de acuerdos y tratados de paz alcanzados entre distintos países entorno al agua, derivado de una adecuada gestión de los recursos naturales.

A pesar de los ejemplos anteriores es necesario seguir avanzando en esta dirección, desde una decidida acción conjunta de los gobiernos. Esta acción conjunta nació ya en el año 2000 con la Declaración de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y un objetivo muy concreto como es reducir a la mitad la población que carece de abastecimiento de agua potable y saneamiento en el horizonte del año 2015. Lograr este objetivo tendría un coste de 110 a 180 mil millones de dólares (UNESCO). No obstante, esta cifra habría que relativizarla comparándola no sólo con los gastos armamentísticos (comparación que podría hacerse pero no parece haber dado resultado) sino en la concepción integral (y real) comparando con las cifras de las pérdidas económico – ecológicas derivadas de los desastres naturales; muchos de estos desastres agravados por el deterioro ecológico de los países donde se producen (deforestaciones masivas, desaparición de manglares, ocupaciones de zonas de riesgo de inundación…) países pobres en la mayoría de los casos, donde se hace más acuciante la pobreza y ello sin incluir las valoraciones económicas que implicarían estos desastres por un cierto “lucro cesante” de las zonas inundadas y ocupadas. En esta comparación también se debería introducir un nuevo elemento: el coste de los conflictos por el agua.

Asimismo, Convención de Naciones Unidas sobre los usos de los cursos de agua internacionales para fines distintos de la navegación supone un marco global flexible y general que establece estándares básicos y reglas para la cooperación entre Estados en el uso, la gestión y la protección de cursos de agua internacionales con el fin de asegurar el agua necesaria para abastecer unas necesidades humanas en crecimiento, salvaguardando los ecosistemas frágiles y manteniendo una prosperidad económica.

En este sentido, es necesario implantar una nueva ética del agua que recoja mejor el valor de este recurso como un derecho humano que no puede gestionarse con fines productivos, sino desde un paradigma global de sostenibilidad y solidaridad global.

Por ello, Green Cross España aboga porque toda persona pueda disponer de la cantidad de suministro suficiente (los 40-50 litros diarios denominados Agua para la Vida) para satisfacer las necesidades básicas: beber, higiene, agricultura y ganadería de subsistencia. El derecho al agua ha de conllevar tarifas asequibles porque el agua no puede tratarse como una mercancía cualquiera, ni como simple objeto de comercio. De igual modo, se hace especial hincapié en la necesidad de una gestión sostenible como elemento imprescindible de los ecosistemas para salvaguardar un equilibrio armonioso entre el acceso al agua, los imperativos de salud, la protección del medio ambiente (en particular de los ecosistemas acuáticos) y el desarrollo humano.